Por Juan Cruz Lorenzo — El Proceso, Uyoki
Son las 6 de la mañana y todavía está oscuro. Me visto en silencio para no despertar a nadie, agarro el bolso y salgo a entrenar. Y, nunca falta el desayuno que me hace mi vieja todas las mañanas, sea a la hora que sea y vaya o no vaya a laburar (es la uno). Siete horas después, ese mismo cuerpo cansado está parado frente a una pila de remeras, revisando talles, contestando mensajes, viendo si el DTF salió bien impreso. Nadie ve esa parte. Todos ven el resultado: el gol, el posteo, la prenda ya lista. Nadie ve las dos vidas que hay en el medio.
Hace tiempo que dejé de intentar explicar esto de forma prolija. No soy "un futbolista que también tiene una marca" ni "un emprendedor que también juega". Soy las dos cosas a la vez, todo el tiempo, y durante mucho tiempo pensé que tenía que elegir. Que en algún momento una de las dos partes se iba a comer a la otra.
No pasó. Pasó otra cosa: una empezó a enseñarle a la otra.
Lo que el fútbol me enseñó del taller
En la cancha aprendés algo que no te enseña ningún curso de marketing: que el proceso no se negocia. Podés tener el mejor día de tu vida y perder igual. Podés entrenar perfecto toda la semana y el domingo no te sale nada. Y al otro día tenés que volver a entrenar como si nada. Esa disciplina de volver, aunque el resultado del domingo pasado no haya sido el que querías, es exactamente lo que sostiene a Uyoki en las semanas donde las ventas no acompañan.
Porque las va a haber. Semanas flojas, lanzamientos que no explotan como esperabas, stock que cuesta mover. Si tu cabeza está entrenada para exigir resultado inmediato, ahí te quebrás. Si está entrenada para el proceso, seguís.
Lo que el taller le enseña a la cancha
Y al revés también pasa. Armar una marca de la nada te obliga a resolver solo, todos los días, sin técnico que te grite instrucciones desde afuera. Te enseña a tomar decisiones sin tener la certeza de que están bien. Eso, después, lo llevo a la cancha con otra cabeza: más autónoma, menos dependiente de que alguien me diga qué hacer.
No sé si esto lo van a entender todos. Pero sé que hay gente leyendo esto que también vive su propia versión de la doble vida: el laburo que paga las cuentas y el proyecto que de verdad querés que funcione. La levantada temprano para hacer las dos cosas bien, sin que ninguna de las dos se resienta.
Por qué te cuento esto
Uyoki no nació de una idea de negocio prolija en un cuaderno. Nació de esto: de entender en carne propia que la disciplina no es un concepto motivacional para postear un lunes. Es levantarte a entrenar aunque el cuerpo pida más cama, y es también sentarte a revisar pedidos aunque el cuerpo ya no dé más.
La marca representa eso. No vendemos buzos y remeras. Vendemos la idea de que se puede sostener más de una cosa a la vez, si el proceso está por encima del resultado.
Así que la próxima vez que veas una foto nuestra en la cancha o en el taller, ya sabés lo que hay atrás: la misma cabeza, dos escenarios, un solo proceso.
Esta es la primera nota de "El Proceso", el espacio donde voy a compartir lo que se ve y lo que no se ve de construir Uyoki. Si querés ser parte de esta comunidad de primera mano, sumate al Club Uyoki.
